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García Francés
 
 
La presentación de El secreto del Emperador fue acogida por el público que llenaba La Casa del Libro de Bilbao el pasado 17 de noviembre con una mezcla de expectación, reconocimiento y cariño. Para algunos, era la celebración de la segunda novela de un compañero con el que en otro tiempo compartieron las tareas periodísticas. Para otros, la esperada obra de Alfredo García Francés, el autor de El Hidalgo segundón. Los periodistas Antxon Urrosolo, Chelo Aparicio y Hermann Tertsch, con humor y profesionalidad, expresaron su sorpresa por el secreto de un compañero que, como por ensalmo, se les ha revelado un gran escritor. Elogiaron su rigor, alabaron el lenguaje y animaron a su lectura. Además, Maite Pagazaurtundua, víctima del terrorismo, deleitó a los asistentes con la lectura de un capítulo. A ella y a otras mujeres vascas, valerosas, que se encontraban entre el público, quiso homenajear Alfredo García Francés en una tarde de emociones. El periodista Antxon Urrosolo calentó al auditorio. No defraudó y provocó la risa en más de una ocasión durante su intervención. "Bonito título el de El secreto del emperador" reconoció, para después expresar su envidia por las descripciones amatorias y sexuales leídas en las páginas de una novela de aventuras, amor y guerra. El reconocido informador vasco destacó que una de las mayores sorpresas es el logro del autor para narrar el amor, el sexo y las emociones con voz femenina. "Eso es muy difícil y Alfredo lo consigue. Aporta un punto de vista muy especial", resaltó. En su opinión, el trabajo de investigación, la capacidad de fabulación y el lenguaje de época conforman una obra importante. "Tenemos un escritor, hay que leerle", concluyó Urrosolo. La sala se recogió atenta para escuchar las palabras de Chelo Aparicio, quien reflexionó sobre la novela de "ese compañero" tras el que hasta hace poco desconocía que se escondía un gran escritor. Quiso agradecerle "su solidaridad, admiración y cariño por los que lo han pasado mal en el País Vasco, perdido a sus seres queridos y viven amenazados". La actual delegada de la Agencia Efe en Bilbao resaltó que de El secreto del Emperador le ha gustado cada párrafo, cada historia contada con un relato inteligente y riguroso, con una recreación histórica del primer tercio del siglo XVI a través de las andanzas de alcobas y caballerías de Don Luis Espinosa de los Monteros, hermano mayor de Don Lucas, protagonista de El Hidalgo segundón, y fiel coronel del emperador Carlos V. El periodista de El País, Hermann Terstch recuperó las sonrisas del público al reconocer con ironía que había preguntado de dónde ha sacado el autor, un compañero de trabajo en este caso, todo ese mundo que tenía escondido. Primero pensó que la novela era una extravagancia más de otro colega. Así que, dijo, tendría que soportarlo con paciencia. "Ya se sabe, todos los periodistas pecan, casi nadie se escapa", aseveró jocoso. Pero, sin embargo, al pasar las páginas del libro se fue dando cuenta de que estaba ante un caso diferente. Alfredo García Francés había estado actuando a espaldas de todos. "De una forma concienzuda, ha logrado un libro que engancha en la lectura como aquellos que de pequeños nos enseñaron a leer. Un marco histórico muy cuajado; es un disfrute de lectura", sentenció. Ya sólo quedaban las palabras del creador. Sin querer caer en la vanidad pero con satisfacción, sostuvo que con la publicación de su primera novela El Hidalgo segundón había logrado lo que parecía un sueño. "He descubierto el infinito contentamiento de topar con lectores férreamente incondicionales, con agradables críticas y cierto éxito". Recordó que su primera novela nació del amor y del agradecimiento. "De la muy hermosa pasión que siento por mi mujer María Teresa Idalier, que ha sabido empapar mi vida de amor, ternura, contento y placidez". Y también, del enorme agradecimiento a su amigo, el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, que no dudó en atravesar océanos para viajar a Madrid a presentar su primer libro. Tras concluir su primera obra, aún le quedaban historias y personajes que le empujaban a escribir. Y así surgió El secreto del Emperador. Son esos y otros personajes que aún le siguen arrastrando hasta que cierre la trilogía de El tiempo de las mariposas. Si a su Don Lucas Espinosa de los Monteros, Alfredo García Francés le adornó con las virtudes que echa de menos en la sociedad actual, como son lealtad, honor, bondad, y honradez; a su hermano Don Luis le regala cualidades que él mismo anhela, valor en el campo de batalla y gallardía irresistible para las mujeres. La ficción de las cargas de caballería, susurros de sábanas y misiones secretas que cumplir no hicieron olvidar al escritor la realidad. Por ello, aunque advirtió de que nunca ha puesto su corazón en ningún credo y siempre ha pensado estar al lado de la justicia y de la libertad, deseó expresar en público todo su afecto a "las mujeres constitucionalistas, ejemplo de heroísmo sobrehumano que defienden la libertad de todos nosotros", en nombre de las cuales había una representación entre los asistentes. Agradeció su dignidad, entrega y sufrimiento porque, les dijo, "con vuestro arrojo nos mostráis a los más medrosos el camino de la bravura y de la resistencia". Los aplausos no esperaron el final.
Isabel Camacho